La pintura de Paloma Orgaz

 

            La pintura de Paloma Orgaz está gobernada por la armonía en las proporciones y en los colores y por el buen gusto con que los define. Los conceptos que determinan la realización de su obra, es decir la estructura formal sobre el lienzo, la proporción y el colorido, marcan una honda preocupación por la perspectiva y por la estética. Su mirada artística está dentro de los cánones con que la arquitectura considera alevosamente la realidad para encontrar cómo conversan en ella los volúmenes, los espacios y las distancias. Paloma es arquitecto y la concepción de sus cuadros se atiene a su mirada profesional.

            Sus cuadros reflejan una inclinación natural por las ideas claras y una realización artística determinada por el rigor se abstiene de la frivolidad, del adorno o del pincel adulterado por la moda del éxito fácil. Paloma Orgaz pinta para ser ella misma. El rumbo que mantiene en su obra es firme y fiel a convencimientos forjados por su carácter preciso, directo y sin ambages. Trabaja con una preocupación merced a la cual evita las afectaciones de cualquier tipo y procura que no sobre nada en su obra. Ni siquiera sus osadías con el dorado, ése difícil color pomposo, se extralimitan más allá de la mesura y la justa proporción. Es decir, la histórica majestad divina del dorado que atrae las miradas, aparece justificada cuando lo utiliza para enmarcar o definir un espacio interior o exterior, con celebrada elegancia y eficacia cromática, pues le otorga sencillez doblegándolo a su función y reduciéndolo a ser un color más, libre de su destino y al servicio de su criterio.

             Su obra, en general, llama la atención precisamente por la convivencia equilibrada de colores de alta expresión cromática, naranjas, morados, celestes, negros etc., utilizados para engarzar emociones -como lo hacen las notas musicales sobre el pentagrama-, dentro de una geometría bosquejada o directamente resuelta. En su caso, unidas para componer una correcta y sutil partitura donde un lirismo se abre paso sobre las leyes de la gravedad y de la ortodoxia. La pintura de Paloma Orgaz contiene una fina sensualidad artística contenida y expresada en las formas y en el color; se deja ver con más nitidez en las creaciones de libre inspiración. Hay un latido pasional reflejado de manera subrepticia, tal vez inconsciente, bajo la organización formal de su obra. A través de formas y colores quedan expresados los sentimientos. Y una pureza que se proclama sin rodeos, eso sí emergiendo por un entramado de resonancias cubistas. Lo que a veces es una mezcolanza de formas y colores de un elegante collage, no es más que la musicalidad de un violín que expresa equilibrio y armonía. Paloma Orgaz se empeña en dominar ese violín de acuerdo con sus propias leyes.  

            Su obra está concebida a través de un sentido muy acentuado de la composición y responde a ideas de equilibrada creatividad. Cada elemento en sus cuadros es el resultado de un estudio reflexivo llevado a cabo con sinceridad. Cada uno se justifica a sí mismo porque da respuesta, como parte de un todo, a las exigencias que ella imprime a sus creaciones. Reflejada en su memoria, por ejemplo, la vieja Roma es una convivencia del tiempo y de sus formas desgastadas con la solidez de un estilo clásico; la rotundidad de las losas ajedrezadas, con algún elemento que forma parte de creativos espacios de inspiración surrealista. Precisamente es su obra “El peso del tiempo” la que más contenido expresa de esa corriente pictórica dentro su orden compositivo, la equilibrada disposición de formas y el color propios de su estilo. Esta obra, realizada con maestría y sobria imaginación se halla en el orden de esas creaciones que nos sitúan ante un misterio inteligentemente mostrado pues tiene el don de fijarnos ante nosotros mismos y la trascendencia.

            El logro de la perspectiva es uno de los rasgos que la definen como artista, marca su estilo y en definitiva, junto al color, la personalidad de los cuadros de ésta exposición. En alguna obra, como ocurrió en anteriores exposiciones ha llevado la perspectiva a ángulos de inusual y forzado ángulo de visión, esto es sólo posible por una perfecta realización geométrica de la misma. El atrevimiento raya en lo genial. Pero esa otra perspectiva frontal, directa, casi científica, que vemos en esta exposición, mueve la imaginación de quien la contempla hacia funciones microscópicas, pues parece consecuencia de una necesidad de la pintora de asomarse furtivamente a mundos que se vislumbran a través de los cristales de una moderna fachada y descubrir lo que, a vista de pájaro, se esconde tras la apariencia de todas las cosas. Éstas obras de Paloma Orgaz, parecen alegorías simbólicas de ella misma, se antojan fruto del deseo de todo artista por descubrir otros ámbitos, por ir más allá, por transgredir mundos, por perseguir la belleza.

Bien puede ser, tal vez, ésta la razón por la que Paloma pinta desde muy joven con resuelta capacidad para la composición, trazo experto y solución maestra hasta alcanzar un  rango pictórico elevado. Pero al margen de que su carácter haga de su obra una creación de madurez, resulta al mismo tiempo prometedora, inquietante. Una composición inédita y genial está siempre pergeñándose en sus lienzos por la resolución y la frescura con que se busca a sí misma. Su obra, por su talante y su “saber hacer” se proyecta hacia el futuro con la misma solidez con que se dice a sí misma en el presente.         

Copyright 2009 Paloma Orgaz